11 de septiembre de 2017

CRÓNICA 34ª SUBIDA A LA QUESERA 2017

Por tercer año consecutivo nos presentamos en las fiestas de Riaza, esta vez, con más frío de lo habitual y en un día que amenazaba (por suerte solo fue eso) bastante lluvia.

Unos 300 valientes tomábamos la salida sobre las 9 de la mañana siguiendo las instrucciones del coche de la organización y su megáfono. Gracias a la organización puedo dejar una chaqueta en dicho coche y me guardo el chaleco en el bolsillo que falta hará para el descenso.

De salida se estira el grupo con algún tímido ataque, al final de la recta incluso cortamos el grupo unos 4 corredores pero en la bajada, avisados de posible ganado suelto, volvemos a engordar el pelotón.

Esta vez el resumen va a ser muy sencillo. Salvo un par de amagos la marcha es tranquila. Así que intento que no baje mucho el ritmo pero mirando siempre el pulso. Espero que alguno arranque, que alguien tire. Pero al final sigo siendo yo el encargado. Hago un par de amagos subiendo el ritmo un poco, pero nada. Con la niebla pierdo algo las referencias y no tengo claro cuanto queda.

No estoy seguro pero no debe quedar mucho, así que tenso un poco más. Un poco más. Y a fondo. Veo que hago daño y hueco. Recupero pulsaciones. Quito el plato y a ritmo. Voy mirando y veo que se acerca Tomás y Victor. Trato de mantener la distancia pero veo que se acercan. Mejor recupero y cuando lleguen vuelvo a apretar. Me cogen muy cerca de la meta. Tenso todo lo que puedo. Zigzagueo todo lo que puedo, parece que ceden un poco pero no consigo descolgarlos. Arranca Victor, Tomás le sigue, lo intenta. Veo el gesto de rendición y le rebaso. Cuando veo que tengo suficiente distancia agacho la cabeza, saludo y cruzo la meta.

Cada año una situación distinta. Las carreras son así. Segundo tiro al palo... Pero me quedo con la victoria (por segundo año consecutivo) de mi amigo Victor y, esta vez sí, con las buenas sensaciones. A pesar del frío lo pasamos bien y seguimos sumando.

Desde aquí dar las gracias a la organización por mantener una prueba así año tras año, gratis, con comida, trofeos y hasta obsequios (aunque la entrega de premios se podía adelantar algo jejeje).

Por último, como siempre, os dejo mis datos de Strava, clasificación y además un vídeo desde la bici del ganador.

4 de septiembre de 2017

CRÓNICA XLI TROFEO VIRGEN DE LA PEÑA MEMORIAL BENITO CABESTRERO 2017

Terminando con la temporada de clicloturismo rural Master (o eso creo) por este año, nos presentábamos en Calatayud un sábado por la tarde con bastantes ganas de fiesta después de unas semanas sin competir. El tiempo acompañaba, poco aire, muchos más corredores de los esperados (unos 140) y un gran ambiente en la salida tanto de corredores como de público. 

La salida neutralizada fue, nunca mejor dicho, como si no lo fuera, debido a un mal entendido con el coche de dirección de carrera que se destacó del grupo y varios pensamos que se había dado la salida. Incluso algunos intentaron la fuga y fueron frenados. Realmente tampoco supe luego cuando dieron la salida pero desde el inicio, como suele decir Pedro Delgado (unas 15 veces por retransmisión): ¡Se fue a mil por hora! 


Al principio se rodaba por buena carretera, no era muy estrecha pero como eramos bastantes corredores la cosa se complicaba. Típicos frenados, amagos y sustos. Una caída justo delante, al parecer sin consecuencias, provocaba un corte aunque por suerte logro esquivar tanto lo primero como lo segundo. Al llegar al grupo trato de no parar y remontar posiciones pero el pelotón me parece un muro de ladrillo. Sin comerlo ni beberlo estamos en la primera subida y veo, bueno, mejor dicho, no veo la cabeza. Toca aprovechar mi poco peso para remontar en la subida. Primero adelanto por los lados, luego voy cerrando huecos. Va gente por delante. Los puedo ver pero no sé si son escapados o un grupo grande. Así que al coronar doy ejemplo y pido colaboración, en ese momento pensaba que se me iba el corte bueno por delante, pero como podéis leer en la crónica de (precisamente el vencedor de la prueba), Jesús Ángel del Pozo en su blog, lo que iba por delante era una pequeña escapada que neutralizamos bajando.

La bajada pese a ser casi recta discurría por una carretera con asfalto descarnado, con protuberancias y otras ondulaciones imprevistas que casi no te dejaban tiempo de comer y ni de beber. Aun así, al ser bastante larga, hizo que el grupo fuera engordando y al final alcanzáramos a los escapados. 

La siguiente subida fue muy extraña. Seguimos por la misma carretera estrecha, rugosa y bacheada pero tras unos kilometros después de girar a izquierda le añadimos curvas. Muchas curvas. Más y más curvas. 

Nuevamente me viene la cabeza la voz de "Perico" y su: ¡Es que van a mil por hora! Más que subir, aquello era una montaña rusa. Subíamos esprintando como si fuera la meta, bajamos esprintando como si fuera la meta, tomabamos la curva cerrada como si fuera la última antes de la meta y volvíamos a ponernos de pie para esprintar como si fuera meta. Al menos yo tuve esa sensación. Con lo mal que bajo fue para mi una tortura. Cada curva pierdo metros, cada subida me exprimo a fondo para contactar. Se hace eterno. No tengo referencias. Se va quedando gente. Algunos frenan peor y luego recuperan como yo y otros al revés, me pasan en bajada y se quedan en el repecho. Pero al final el resultado es el mismo. Nos quedamos. 

Justo al coronar me empiezan a pasar los coches. Nunca son oportunos. Me pillan en las últimas curvas entorpeciendo mi desesperada persecución, pero cuando abre la carretera y se pasa a un buen asfalto y en recta sé que es el final. Estoy solo y pierdo la estela de los coches. Que rabia.

Al rato veo que otro corredor se acerca y, gracias a él, mantengo el tipo. Intento pasar relevo pero sé que no aporto mucho. Además en un cruce no nos avisan a tiempo y el compañero hace un recto. Le espero y seguimos. Vuelven las curvas. Algo de subida. Nos alcanza un grupo de unos 15 corredores. Pienso que al menos descansaré algo. Me equivoco. Se baja el ritmo y vuelve a ser mi compañero el que sigue tirando. Solo, casi. En cuanto tengo fuerzas adelanto y doy un relevo. Justo entonces escuchamos unos bocinazos. Curva cerrada. Motorista de la Guardia Civil parado. Vemos como bajan las vallas de un paso de trenes. No me lo puedo creer. Pie a tierra y a ver pasar un horrible tren de mercancías casi vacío. 

Recorte de la segunda subida o montaña rusa
como se ve en el perfil de sierra.
Volvemos a la misma situación mientras llegamos a la última subida puntuable del día. Enseguida 5 ó 6 se desmarcan. Cierro el hueco que deja el compañero que ha venido tirando casi todo el tiempo y ahora se queda en la subida (que rabia). Nos quedamos la mitad del grupo. Hasta meta volamos (ya sabéis) a mil por hora y casi me quedo cortado. Hago gestos y pido que cierren el hueco. Alguno me recrimina que no lo cierre yo y le respondo. Son las cosas del directo. 

Al final recupero en cola haciendo la goma y hasta paso algún relevo en los últimos repechos. Y como no me pasan pues sigo. Y como no se abren para tomar las curvas de meta ya lo hago yo y así, casi sin querer esprinto (todo sea por el público) para acabar entre los 50 primeros (el 18 de M-30) y con la cadena fuera de la roldana y pensando que había roto algo. Menudo susto.

Una pena no mantenerme en el grupo de cabeza pero acabo contento, habiéndolo dado todo y descubriendo una zona muy bonita y disfrutona para la bici. Del Monasterio de Piedra ya mejor hablo otro día ^_^

Como siempre os dejo los datos de Strava y la clasificación oficial.

Por último felicitar a la Organización y a la Federación Aragonesa por una prueba estupenda en todos los sentidos, da gusto que dejen llegar a los corredores hasta 20 minutos después, y además que salgan en la clasificación hasta 108 participantes. Eso anima a la gente (al menos a los que como yo no acabamos delante normalmente), que al final hace falta para formar un pelotón. Aunque luego lleguemos como podamos a todos nos gusta acabar carreras, el buen ambiente y que nos aplaudan en meta. ¡Así que chapó!

31 de agosto de 2017

XX ESTROZAPIERNAS BRAOJOS DE LA SIERRA 2017

¡¡¡20 AÑOS!!!

Pues sí, la clásica prueba de Rally o XCO de la Sierra Norte de Madrid cumple 20 añitos, y lo más increíble es que sigue siendo gratuita y mantiene el espíritu de carrera (sí, una carrera de verdad y en circuito), sin olvidarnos de el carácter festivo que siempre ha tenido.

Así que este año hemos pensado en actualizar la prueba a los nuevos tiempos... sí, al Strava jejeje.

Y gracias a la colaboración con las tiendas Mammoth, vamos a entregar por primera vez un premio al más rápido en un segmento secreto. Un segmento de unos 500 metros para que todo el mundo pueda disputarlo, que puede contener subida, bajada o ambas cosas... Los que quieran optar solo tendrán que subir la actividad a la plataforma Strava antes de que se entreguen los trofeos. En caso de empate el mejor clasificado en la general será el vencedor.

Para conocer toda la información de la prueba podéis visitar el Facebook, la página web y, también, podéis leer mi crónica del año pasado y encontrar allí los datos completos de Strava.



Aprovecho también desde aquí para agradecer a todos los que alguna vez han participado, y espero que disfrutado, de la prueba en todos estos años. Sin duda, los que más nos han animado a continuar organizándola a pesar del esfuerzo, las peripecias y los malos ratos que también hemos vivido. Mil gracias a los todos los patrocinadores, en primer lugar al Ayuntamiento de Braojos por dar soporte y seguir confiando en la prueba y sobre todo a los voluntarios que aportan cada año su esfuerzo, en plenas fiestas del pueblo, para sacar la carrera adelante.

Por último os dejo también un vídeo del Estrozapiernas de 2010 que he encontrado... Madre mía como han evolucionado esto de las cámaras jejeje

 

¡¡Nos vemos el día 9 en Braojos!!

16 de agosto de 2017

CRÓNICA LIII PREMIO DE CICLISMO "CIRCUITO DE HERVAS"

En medio de otro bonito fin de semana de turismo rural ciclista (paseo por el castañar, camping, piscina, helado sin lactosa...) nos presentamos el domingo en una de las carreras con más tradición que conozco (más de 50 ediciones), en un entretenido circuito semiurbano en medio del precioso valle de Ambroz y los pies del duro puerto de Honduras.

Después de una semana fresca el calor nos golpea, más si cabe, desde la salida. Más de 100 corredores esperamos pacientes la reparación de distintas averías mecánicas conteniendo los nervios y las ganas de arrancar. La primera bajada es neutralizada pero no hay relajación. El pelotón es bastante rígido en las primeras vueltas y no encuentro hueco para adelantar posiciones. Trato de ver por donde se toman mejor las pocas curvas que tiene el circuito para sufrir lo menos posible en los látigos. El pulso va disparado la primera media hora. Es horrible ver como se estira la fila. Agachas la cabeza. Manos abajo. Agonía. Más agonía.

Esa sensación de agobio aumenta, en mi caso, por la mala colocación. Sin duda. En la foto podéis ver a Jesús Ángel del Pozo (Guía Color – Inverse) que acabó tercero y primero en Master 40 (aquí podéis ver su crónica), delante y a mi el último sufriendo en una de las primeras vueltas. Por suerte, con el paso de los kilómetros, la cosa va mejorando. En realidad las vueltas se dan casi en los mismos tiempos, entre 15 y 15 minutos y medio, pero a partir de la tercera vuelta empiezo a tranquilizarme. Consigo charlar con varios compañeros y hacer alguna subida delante, comprobando que se va más cómodo, sobre todo bajando.

En resumen, el paso de meta es al esprint en cada vuelta. Pasamos volando (algunos literalmente) varios resaltos de la carretera y poco a poco se reagrupa. En ese tramo tuvimos un susto con un perro que quiso ser ciclista pero que pudimos librar con algo de suerte.

Cuando se acaba la bajada giramos a la derecha y látigo que te crió. Desde ahí el terreno "pica" para arriba con un par de "barrigas" donde suele haber algún salto y muchos cambios de cuneta. Por suerte el aire no es suficiente para molestar y me guardo dentro del pelotón hasta las últimas vueltas. Volvemos a girar a la derecha, estirón seguido de rotonda (nos abrimos por los dos lados) y comienza la subida. Al principio tímidamente pero poco a poco se endurece hasta que llegamos a una dura rampa y después a una bajada corta antes de afrontar la subida al propio municipio, con una bonita curva de herradura a derechas y otra a izquierdas, antes de la zona de avituallamiento. Y una vez arriba un par de rotondas que, tomadas a derechas, nos dejan en la meta.

La verdad es que me gusta que sea un circuito. Me da seguridad conocer el terreno y saber donde se puede comer y beber tranquilo, calcular mejor las fuerzas en función de las vueltas y, además, el circuito me pareció muy seguro y entretenido, con la distancia justa para que no se haga ni muy corto ni muy largo. La organización perfecta y un gran ambiente en la subida pusieron la guinda. Incluso había gente en la subida con sillas plegables y roba bidones infiltrados (sí, sabes bien que hablo de ti majo). Esas cosas que solo las tienen los circuitos.

Cuando acaban las féminas (en este caso una valiente) junto con los Master 50 y 60, nos quedan un par de vueltas más y sé bien que ahora empieza la fiesta. El pelotón se ha reducido bastante y las fuerzas parecen más igualadas, lo que me permite moverme con mayor facilidad. De hecho me sorprendo a mi mismo tirando del grupo en varias ocasiones al acecho de los buenos saltadores. En la parte intermedia se suceden las arrancadas, se hacen grupitos por delante, salto detrás de alguna rueda conocida. Varias veces. Algunas de "peseta" otras a tope, pero veo como unos se van y no entro. La subida se hace fuerte y parece que cortamos bastante gente pero en la bajada volvemos a empezar. Más arrancadas, más cambios de cuneta pero nada. Queda una subida y trato de olvidarme del puso. Me mantengo delante en el giro y en la primera parte de la subida, incluso, al coronar, me escapo unos metros, afrontando la subida en cabeza de lo que quedaba del pelotón pero perdiendo posiciones poco a poco. No hay más gas. Aunque no me hubiera importado dar otra vuelta... (cómo alguno pensaba jejeje).

Terminamos saludando a los compañeros, especial ilusión encontrarme con el principal motivador de mis andanzas en Master (aquí tenéis su entrevista en este mismo blog), comentando la jugada y buscando un bidón antes de olvidarlo en la piscina.

Como siempre la clasificación y mis datos de Strava.

8 de agosto de 2017

CRÓNICA IV TROFEO FUENCALIENTE DEL BURGO

Esta vez empezaré por el final. Cuando estaba bajándome de la bici, un niño me pregunta: ¿Quién ha ganado? Le digo que no lo sé. Sigue preguntando: ¿Pero tú has ganado? No, yo he llegado el último. Entonces -sigue el niño- tú has perdido ¿No?

Tras la demoledora reflexión de un niño de unos 8 años, portando una camiseta de la selección argentina de fútbol, guardo la bici pensando que es posible, todo el que no gana, pierde, en ciclismo además no hay empate. Si no ganas, has perdido.

Puf, si no fuera porque el cansancio no me deja pensar mucho... madre mía. El caso es que ahí estamos, el último con el primero, sin saberlo aún, charlando. Las dos caras de la moneda, el ganador, el perdedor.

Sin más pretensión que la de recordar batallitas y compartir información sobre lo que más nos gusta: la bici. Este blog, desde su título, es un guiño personal a los que solemos acabar los últimos del pelotón, nada más. Una crónica del que siempre coge la escapada equivocada... ¿El perdedor?

Así que dejando en el aire estas reflexiones, os cuento: El domingo lo pasamos bien, sufrimos y dimos todo lo que teníamos en las piernas y en el corazón (literalmente). Sabía que el viento y un pelotón de unos 50 corredores iban a endurecer la carrera minimizando el ancho de la carretera a una fatídica (para mi) palabra: la cuenta.

Aunque el aire iba en incremento, tomo la salida con ganas y cierta calma mientras esperamos que arreglasen un pinchazo en la parte neutralizada. La calma duró poco, nada más girar la carretera y dar el aire de costado y a favor, comenzaron las arrancadas, los tirones y los cortes. Prácticamente toda la primera vuelta, unos 30 kilómetros, fue una lucha constante por saltar de un pelotón que se hacía jirones y se cosía sin parar. En la subida, con aire de cara, trato de coger aire y colocarme bien. Salto un par de veces. No cuaja. Recuperación. Cuando acaba un repecho, o veo que llega un cruce me colocó delante. Parece que la táctica funciona, sigo en carrera. Aunque si os digo la verdad, voy con el agua al cuello.

Por mi cabeza pasa la idea de pararme en meta. Esto no es Mtb, ni una marcha. Llevo casi una hora por encima del 90% de mi pulso y llevamos poco más de 30 kilómetros a 41 km/h de media, tratando constantemente de ir en la posición menos incómoda, entre tragar aire o cuneta. Algún amigo me empuja, algún otro (que no sé como llamar) me aparta. Paso por meta. Parece que ya se han escapado un Orquin y un AC, así que el pelotón se pone en modo de captura y aunque la velociad no baja tenemos algo de descanso al no ir tan encunetados. Pero, nuevamente, lo bueno dura poco.

Después del segundo paso por el alto de la Alcubilla giramos y el aire vuelve a dar de lado y frontal. Consigo remontar en un par de ocasiones a posiciones delanteras pero pierdo la plaza en un visto y no visto. Las fuerzas ya no tapan las carencias de no ir bien pegado a rueda, rozando el borde de la carretera. Voy tirando fichas como si estuviera jugando en un casino. Tengo la sensación de que el agua no hidrata, que el gel no llega al estomago y que a las piernas le da un sol más cercano. Paso por meta, nuevo circuito. Ahora viene mi terreno. ¿Seguro?

Seguimos con esa dirección incomoda de aire y no hay alivio cuando llega la subida. No consigo remontar posiciones y antes de lo que pensaba giramos a izquierdas y llega la bajada, con aire de culo y carretera estrecha y bacheada. Voy muy atrás. Pita un coche. Soy el último. Pasamos un pueblo, curva cerrada. Pierdo rueda. Rezo porque paren un poco. Trato de coger la rueda un coche, de otro, de un tercero. Giro a derecha. Los tres coches me tapan la trazada buena, giro en rampa y la tomo por fuera intentando no perder velocidad... Game Over.

Sigo a ritmo, pero las pulsaciones bajan. La cabeza desconecta. Las piernas piden paz. Poco a poco voy bajando el ritmo pero no me pasa la moto de cierre. Pasado un buen rato veo que me alcanzan varios corredores. Son Master 60. Me dicen que aun queda gente por detrás. Pregunto a la moto que viene con ellos. Me dice lo mismo, que vienen algunos corredores por detrás. Vamos, que estás en "carrera". Bueno, pues ayudaré un poco a la pareja hasta meta al menos y ya me quedo. Al llegar a meta me doy cuenta que no tengo las llaves del coche y no he visto a nadie. Paro, no paro. Bueno, voy a seguir hasta la subida que es donde estaban antes las chicas y me doy la vuelta. Uhm. Pues no están. ¿Pero que demonios hago yo dando otra vuelta? Puff, pues nada. Vamos a tomárnoslo como un entrenamiento. Seguimos sin ver la moto de cierre. Pero tampoco vemos a nadie por detrás. Así pasan los kilómetros. 114. Los Master 60 esprintan (sin saberlo creo) por la tercera plaza. Fin.


Me voy enterando de varias caídas (eso sí que da rabia), dicen que se retrasa la entrega de premios, así que voy recuperando el ánimo con la comida y la bebida que ofrece el pueblo, tanto a corredores como a acompañantes. Un lujo.

Ha sido un fin de semana completo. Paseo por el cañón del río Lobos, camping, piscina, carrera, macarronada, piscina, chiringuito... ¿Cómo se lo explico eso al niño con la camiseta de Tevez?

Reconocimiento especial a los organizadores de la prueba, que se vuelcan con los corredores, al igual que el público que nos anima en el paso por los pueblos, sobre todo en el pueblo de Orillares. Increíble la gente. Gritando a nuestro paso como si estuviéramos en el Tour de Francia y aguantando hasta al final, animando por igual desde los primeros a los últimos. Cosas que no se olvidan.

Como siempre os dejo mis datos de Strava y la clasificación, por cierto, en realidad no me dejaron ni ser el último... fui el penúltimo jejeje.


3 de agosto de 2017

CRÓNICA VI MARCHA MOUNTAIN BIKE CIUDAD DE CANTALEJO

Sin duda, la sorpresa de este año, en cuanto a recorrido de mountain bike, va a ser esta marcha.

Diversas circunstancias hacen que me apunte a última hora, carrera contrareloj para tener la bici preparada (arreglas una cosa y descubres otra... Gracias a Bicicletas Melero por el cierre de la tija) y cambiar el chip para las ruedas gordas.

A pesar de estar al lado y tener ya el dorsal, entre saludar y prepararme, ni caliento (para variar). El breve tramo neutralizado por Cantalejo nos deja en el camino a Segovia a mil por hora, con una visión limitada al 50%, polvo hasta las orejas y rodando en un pelotón carretero hasta la primera subida.



En el vídeo podéis ver la velocidad del tramo neutralizado y los casi 4 minutos que tardamos en pasar los, algo más de 400, participantes.

Las primeras bajadas por pista me hacen soltar rueda (para no perder la costumbre) y tengo que remontar en las dos primeras subidas. Enlazo con Joaquín en el vadeo del río, tras un revolcón, me dice que está bien y no paramos. Aunque el terreno está bastante roto la sombra de la chopera y el bonito valle se disfruta. Comenzamos la subida de los caños y pienso en apretar, pido paso y me voy un poco, pero cuando llegan la zona con más piedras, Joaquín con la doble me recorta, me pasa y me deja. Por detrás hemos soltado a otro corredor y disfruto solo del tramo de bajada, el primer sendero con flow del día. Menudo tramo de piedras, subida aunque bastante tendida, de tirar de riñones e ir concentrado en la trazada. Un tramo muy chulo. Antes de llegar al Cubillo me alcanzan varios corredores y en el tramo de pista alcanzamos a Joaquín. Trato de comer y beber aunque no es fácil. El ritmo es alto durante todo el tiempo. Siguiendo con el guión previsto, me suelto de parte del grupo en una pista de bajada con algunos bancos de arena. El polvo que levantamos es increíble.

Voy viendo gente pero poco a poco se van. Dejamos Arahuetes (Sagrillas para los seguidores de la serie Cuéntame) y volamos por un divertido sendero de bajada, con algún tobogán, hasta Pajares de Pedraza. Allí nos juntamos por primera vez con los participantes de la marcha corta. Subida dura, rota, pero corta. Seguimos subiendo por un falso llano hasta cambiar de rumbo y tomar otro sendero de bajada, rápido y trepidante hasta tomar la pista y comenzar la subida al punto geodésico. Parece que he recortado y llevo gente cerca, aunque al ir mezclados cuesta saberlo. La subida acaba en un nuevo bucle que nos separa de la corta y hace que volvamos a adelantar gente, ya de continuo hasta meta. La bajada por el pinar sigue en la línea de la prueba, rápida, con una trazada estrecha y con sombra. Los últimos 5 kilómetros se hacen algo pestosillos aunque con algún repecho que tenía su gracia. Unos últimos bancos de arena y meta.
Ojo, que el de la barba no soy yo...

¡Que velocidades! Cuanto sendero y cuanto flow en a penas 2 horas y media.

Y ahora toca recuperar, limpiar bici, ducha, piscina, barbacoa, charla con los colegas... ¿Qué más queremos? Pues solo falta una cosa, dar las gracias a todos los patrocinadores, al ayuntamiento de Cantalejo y en especial a Alex, de Orbea, por el esfuerzo de sacar adelante esta marcha. ¡Nos vemos el año que viene!

Os dejo, como siempre, mis datos de Strava y la clasificación (aunque como única pega, no es muy fiable).
Alex Cabellos y Juan Montoya en la presentación.

26 de julio de 2017

CRÓNICA MARCHA CICLOTURISTA SOTOSALBOS MEMORIAL NICO ABAD 2017

Segunda marcha-carrera del año. Marcha porque así la llaman, carrera porque, personalmente, trato de realizarla en el menor tiempo posible pero, con diferencia de las carreras Master, sin olvidarme del tráfico abierto...

Con bastantes nervios y el tiempo justo, llegamos a Sotosalbos para encontrarnos con un montón de amigos de la bici, así da gusto. Una marcha no muy masificada, con buen ambiente, buen tiempo, al lado de casa y con una gran organización.

Salida a la pata coja. Remontada desde atrás y tratando de desbloquear el Garmin (que no me daba el pulso y no se apagaba), empezamos bien. Grata sorpresa, me adelanta Jesús Martín cual Cid Campeador y se escapa del pelotón, lástima que con el lío del GPS ni pienso en seguirle, aunque me hubiera gustado.

Todo va según lo previsto. Rodamos rápido. Con algunos sustos. Quizá voy demasiado abierto, por miedo o por los nervios, y llego a pie de puerto con el pulso más alto de lo que me gustaría. En el primer kilómetro sé que toca que sufrir. Vigilo mucho el pulso. Se va descolgando gente. Cierro huecos. Parece que se estabiliza la cosa. Pienso en guardar. Queda mucho. No me he dado cuenta y va gente por delante. Vuelvo a pensar en guardar un puntito, total, estoy en el grupo de cabeza y solo son 3 escapados. Se hace otro corte y aunque al principio trato de cerrarlo me quedo solo y vuelvo a pensar en guardar, freno un poco, tiro de la gente otro poco antes de ponerme a rueda, esto está hecho. Rodamos a mil en el llano hasta Cotos y en las primeras curvas de bajada pierdo contacto, veo como se van alejando. Me da rabia pero no puedo bajar más deprisa. Sabía que me iba a pasar, pero esperaba que tan pronto no.

Llego solo hasta Rascafría donde me alcanzan 4 corredores. Creo que todos, con la sensación de que se nos ha ido el carro, buscamos un ritmo cómodo, vamos charlando, compartiendo batallitas de otras marchas como la de Bejar y otras carreras. Por fin me relajo. En el puerto de Navafría se une más gente. Se acaba la charla. A poco de coronar arranco para sacar algo de ventaja en la bajada. La empiezo solo y sin ver a nadie acercarse, pero no tardan en atraparme varios corredores y al final el resto del grupo.


Trato de comer y beber pero el ritmo hasta Pedraza es alto y hasta la Velilla no se relaja. Llegamos al cruce de Arevalillo, ya más tranquilos. Podría ir así hasta meta. Tranquilamente. Pero aunque no pudiera mantenerme en el grupo delantero (o quizá por eso mismo) tengo ganas de fiesta, de pasármelo bien (o sufrir a tope), vamos, ganas de jugar a ser ciclista, y no está en mis planes llegar a rueda. Así que cuando veo que Juan Barbudo coge unos metros (como el que no quiere la cosa) y nadie quiere tirar, adelanto mi estrategia de irme solo y arranco fuerte con la esperanza de que el grupo dude y no tire a por nosotros.

Cuando alcanzo a Juan comienza otra etapa... con sus altos y bajos, crisis y venidas arriba. Velocidad de crucero. Carretera de clásicas. Relevos a tope y giro de cabeza para ver si se acercan. Mucho esfuerzo, igual que un tercer puerto. Sin pensar en la posición ni el tiempo de llegada. Solo por el placer de darlo todo, exprimirme al máximo y llegar los dos juntos y recordando al homenajeado.

No puedo negar que llego con cierto sabor amargo, por los nervios y la frustración de quedarme (una vez más) en la bajada, pero la superación personal, los ánimos de la gente, la charla y el simple encuentro con compañeros de fatigas lo compensa. Y más cuando la persona que más quieres se molesta en ir a darte un bidón y hacerte la foto de llegada... ^_^

Me lo he pasado en grande.

Como siempre, mis datos de Strava y clasificación.

10 de julio de 2017

CRÓNICA DEL LXVII TROFEO FERIAS Y FIESTAS DE ARÉVALO, MEMORIAL ENRIQUE DUARTE SARABIA


Hace un año dijimos que no volveríamos a esta carrera y sin embargo... (como dice la canción de Sabina) engañado por un amigo, que no quiero nombrar, tomaba la salida sabiendo ya que el calor nos lo pondría muy difícil a la gente sin equipo.

En la crónica oficial habla de que solo 35 corredores acabaron la prueba, ya os aviso que yo no lo hice y por un motivo que no debería contar... y sin embargo. Por suerte el aire, aunque molesto, no era importante. La velocidad media tampoco era muy elevada pero los tirones y la tensión en el pelotón, con algo más de 100 corredores, era alta. Fruto de ello, una caída a los pocos kilómetros nos daba un buen susto.

Después del paso por el "alto" puntuable (donde casi me quedo en el látigo posterior teniendo que remontar algunas unidades cortadas y remando solo para volver a enlazar) pienso en moverme hacia delante, pero la captura de unos escapados formaba otra a base de bandazos y cambios de ritmo que me devolvían a cola.

A partir de entonces mi única lucha fue por conseguir agua. Aunque ya me empezaba a dar cuenta que ahorrar agua y comida para no deshidratarme me estaba pasando factura en el rendimiento. Me dejo caer en varias ocasiones, intento ver algún rostro amigo a quien pedir el líquido elemento. Pregunto al primer coche (organización/jueces) y su respuesta es que no tienen, pregunto por el coche neutro y me dicen que estará con la fuga. Antes de quedarme muy atrás vuelvo al grupo, no sin esfuerzo. Siguen pasando los kilómetros y no cazamos, así que vuelvo a quedarme por atrás a ver que pillo. En la misma situación baja otro compañero (tranquilo socio que no diré tu nombre jejeje) y esta vez suplico a un coche de un equipo Elite que, a regañadientes, me da un bidón bendito.

Misión cumplida... y sin embargo.

Cuando me quiero dar cuenta el grupo ha acelerado. Aprieto todo lo que puedo. Por detrás el otro compañero se encuentra en la misma situación. Nos pasan los coches. Tratamos de ir a rueda pero es imposible. En un giro los pasamos pero en la recta otra vez nos adelantan. Llegamos a Arévalo en esa situación y tirando a muerte pasando el puente, ya adoquinado, empiezo a coger a algunas unidades pero son gente que se va cortando. Salimos del pueblo y solo nos queda juntarnos e intentar remar. No hay el mínimo entendimiento. Lo intentamos unos kilómetros hasta que la moto nos dice que estamos fuera. Casi que mejor.

En meta nos juntamos unos cuantos y aprovechando el ambiente festivo del pueblo nos tomamos unas cervezas comentando la "pifia" del día. Vemos la llegada. Más charla. Y sin embargo nos vamos para casa con una sonrisa mayor que si hubiéramos entrado en tiempos.

Y como no tengo muchas fotos (por cierto, gracias a Fotofonteron), además de los datos de Strava os dejo un bonito vídeo de la canción de la jornada  ^_^

5 de julio de 2017

CRÓNICA II TROFEO DE CICLISMO UNIÓN CICLISTA CANTIMPALOS 2017

Releyendo la crónica del año pasado he recordado lo dura y entretenida que fue. Es curioso como cambian las cosas. Este año llegaba mejor a la prueba y aunque sabía que acabar sería un gran triunfo, tenía esperanzas de hacer algo más. Y eso hace que te quedes decepcionado aun habiendo hecho una buena carrera. Ahora entenderéis porque lo digo. Queda mucho que aprender. Pero vamos al lío.

El cambio de fecha no varió mucho la climatología, por suerte, ni la participación, por desgracia. El recorrido fue el mismo, solo cambiaba el paso por Cantimpalos y Cabañas de Polendos que no se pudo hacer el año pasado.

Así que tenía claro que había que sufrir para llegar a Turegano y no me equivocaba. Aunque no iba muy incomodo en el pelotón, sufrí varias veces los latigos a cola del grupo. Hasta que me cansé y remonté por la cara del aire hasta cabeza, incluso saltando en alguna ocasión (sin ninguna pretensión realmente). Cuando giramos en Turegano con viento a favor no iba mal colocado y en cuanto pude me puse lo más arriba posible para bajar en cabeza. 

Pero ahí cambió todo. Cuando ya pensaba en la primera subida empiezo a notar que la bici vibra de atrás, pierdo algo el control. Freno. Me asusto. Levanto la mano. Me quedo. He pinchado. Se acabó la carrera. Encima la trasera. Me bajo y listo (pienso) para que voy a cambiar si ya no llego. Pregunto a un compañero y me dice que sí, que la ve algo floja. Bajo hasta el primer coche para pedir rueda. Sorpresa. Me dice que la ve bien. ¿Seguro? No me lo puedo creer.

Pensando que llevaría un pinchazo lento, y que tarde o temprano me tocaría parar, cambio el ritmo sin mucha fe. Adelanto a gente pero lo veo muy lejos. Aunque trato de no pasarme de punto voy tirando todas las fichas por el camino. Pasado el pueblo de la Higuera tiro la toalla. Pienso nuevamente que esto se ha acabado. Ya no veo gente por delante. Voy esperando unidades y pensando en llegar a Cantimpalos y que nos echen. Pero al paso por meta nos animan y nos dicen que están muy cerca. 

Toca sufrir aun más. Aire, cuneta, llano y repechos. No me puedo creer lo que podemos aguantar. Cuando llegamos a Villovela parece que vamos a cazar, nos metemos entre los coches pero coronamos sin exito. Más agonía para cazar y, ya en el "pelotón", seguir sufriendo el aire, cuenta, el llano y los repechos...

Y así, haciendo un poco la goma  y tratando de tirar cuando había un gramo de fuerza (o simple inercia) llegamos a meta en el pelotón. Igual que el año pasado pero con otra sensación. En lugar de sentir que había logrado algo, por mi cabeza había nubes de decepción. 

La mejor noticia al llegar fue enterarme que un compañero de grupeta (y entrevistado aquí) había ganado, en su regreso después de una caída hace unos meses. Enhorabuena crack.

Como siempre mis datos de Strava y una foto de la clasificación.

Y por último, no me puedo olvidar de FELICITAR Y AGRADECER, a partes iguales, a la organización de la carrera. Increíble el trabajo y el apoyo a los corredores. Detalles como regalar un cámara (ideal para pinchazos invisibles como el mío) o barrer los cruces y las zonas peligrosas, avisarlas, o marcar kilometraje, hacen que se corra muy a gusto y espero que siga así muchos años.



28 de junio de 2017

CRÓNICA I TROFEO MASTER MEMORIAL ISMAEL SAEZ, TIÑOSILLOS 2017

Pues otra vez aquí, en la primera del año (en junio), arrastrando el miedo a correr después del "tropiezo", y además, en un recorrido llano, esta vez sin lluvia, pero muy parecido al de Arévalo del año pasado (una crónica de 15 km que nunca haré). Antes de empezar nos llevamos un disgusto. También iba a ser el regreso de mi compañero, Victor Castro, pero por un problema con la inscripción (no por falta de plazas precisamente) no le dejan participar y se marcha para casa. Increíble.

Calor, esa era la palabra más repetida en la salida, sin duda. Con un pelotón inferior a los 100 corredores se pasaba de primero a último en un abrir y cerrar de ojos (al menos en mi caso) y al ser un recorrido llano y sin aire importante, la chispa (o la dureza) la debían aportar los corredores. Así que, citando el buen resumen del compañero de Ciclismo Master: Aquello parecía una batucada, palo va, palo viene, con el pelotón haciendo las veces de tambor. 

Las fuerzas de salida estaban muy igualadas y, para no variar, sufro mucho en los primeros compases, pienso que me voy a quedar en el siguiente látigo o en próximo paso por un pueblo. Como siempre los favoritos están muy vigilados por el pelotón, voces y arrancadas van unidas. Así pasan los kilómetros, con mucha tensión y lucha por saltar en el momento preciso, tras la rueda buena. Creo que voy más concentrado que nunca, tratando de no quedarme atrás voy viendo como mi pulso se va asentando. Se pasa la meta volante y aprovecho el momento para asomar la cabeza e intentar colarme en alguna aventura. Menudo calentón. No se hace hueco. Toca guardar, recuperar.

Por un rato pienso que me he cebado y que lo acabaré pagando. Tanto es así que en el premio de montaña (el único repecho del día) voy penando a cola del grupo mientras se forma la primera escapada seria. Esto hace que el Getafe (sin nadie en la fuga) aumente el ritmo y se estire el pelotón. La pelea por evitar el aire en la cara no deja respirar y poco antes del nuevo paso por la meta volante veo demasiada tensión y acabo en cola. Parece que se neutraliza la escapada. Hay un parón y vuelta a empezar. Pero no todo es igual.

Llevamos más de una hora de carrera y parece que ya muchos se conforman con llegar. Sin darme cuenta estoy otra vez asomando el hocico. Tras varias arrancadas, otro ciclista saca unos metros y con la complicidad de un compañero que me anima, vuelvo a saltar. Miro a mi espalda y esta vez tengo permiso. Ahora sí aprieto los dientes y alcanzo al otro corredor. Por detrás nos alcanza un tercero.

Veo la escapada buena a lo lejos. La verdad es que me da igual. No pienso en cazar. Ni en ganar nada. Solo pienso en ver hasta donde puedo llegar. El llano no es lo mio pero no me guardo ni un céntimo. Sé que antes del repecho habrá parón. Aprieto más, más. Creo que no voy ni a poder coronarlo. Por detrás se nos unen varios corredores. Acabamos siendo 6. Voy fundido. Sin agua. Con miedo a mirar atrás. Además comienzan los palos entre nosotros y no me queda nada, solo agonía. Por un momento creo que el pueblo que tenemos delante es el de meta, pero no. Aun queda. Esa sí que es la meta. Y eso que me pasa por ambos lados es el pelotón. Vaya, por que poco.

En definitiva, una carrera muy abierta y divertida. Buena organización y buen ambiente. La mejor manera que se me ocurre para volver a saludar a los compañeros de fatigas y pasar una mañana de ciclismo.

Se me olvidaba, aquí dejo mis datos de Strava.