16 de agosto de 2017

CRÓNICA LIII PREMIO DE CICLISMO "CIRCUITO DE HERVAS"

En medio de otro bonito fin de semana de turismo rural ciclista (paseo por el castañar, camping, piscina, helado sin lactosa...) nos presentamos el domingo en una de las carreras con más tradición que conozco (más de 50 ediciones), en un entretenido circuito semiurbano en medio del precioso valle de Ambroz y los pies del duro puerto de Honduras.

Después de una semana fresca el calor nos golpea, más si cabe, desde la salida. Más de 100 corredores esperamos pacientes la reparación de distintas averías mecánicas conteniendo los nervios y las ganas de arrancar. La primera bajada es neutralizada pero no hay relajación. El pelotón es bastante rígido en las primeras vueltas y no encuentro hueco para adelantar posiciones. Trato de ver por donde se toman mejor las pocas curvas que tiene el circuito para sufrir lo menos posible en los látigos. El pulso va disparado la primera media hora. Es horrible ver como se estira la fila. Agachas la cabeza. Manos abajo. Agonía. Más agonía.

Esa sensación de agobio aumenta, en mi caso, por la mala colocación. Sin duda. En la foto podéis ver a Jesús Ángel del Pozo (Guía Color – Inverse) que acabó tercero y primero en Master 40 (aquí podéis ver su crónica), delante y a mi el último sufriendo en una de las primeras vueltas. Por suerte, con el paso de los kilómetros, la cosa va mejorando. En realidad las vueltas se dan casi en los mismos tiempos, entre 15 y 15 minutos y medio, pero a partir de la tercera vuelta empiezo a tranquilizarme. Consigo charlar con varios compañeros y hacer alguna subida delante, comprobando que se va más cómodo, sobre todo bajando.

En resumen, el paso de meta es al esprint en cada vuelta. Pasamos volando (algunos literalmente) varios resaltos de la carretera y poco a poco se reagrupa. En ese tramo tuvimos un susto con un perro que quiso ser ciclista pero que pudimos librar con algo de suerte.

Cuando se acaba la bajada giramos a la derecha y látigo que te crió. Desde ahí el terreno "pica" para arriba con un par de "barrigas" donde suele haber algún salto y muchos cambios de cuneta. Por suerte el aire no es suficiente para molestar y me guardo dentro del pelotón hasta las últimas vueltas. Volvemos a girar a la derecha, estirón seguido de rotonda (nos abrimos por los dos lados) y comienza la subida. Al principio tímidamente pero poco a poco se endurece hasta que llegamos a una dura rampa y después a una bajada corta antes de afrontar la subida al propio municipio, con una bonita curva de herradura a derechas y otra a izquierdas, antes de la zona de avituallamiento. Y una vez arriba un par de rotondas que, tomadas a derechas, nos dejan en la meta.

La verdad es que me gusta que sea un circuito. Me da seguridad conocer el terreno y saber donde se puede comer y beber tranquilo, calcular mejor las fuerzas en función de las vueltas y, además, el circuito me pareció muy seguro y entretenido, con la distancia justa para que no se haga ni muy corto ni muy largo. La organización perfecta y un gran ambiente en la subida pusieron la guinda. Incluso había gente en la subida con sillas plegables y roba bidones infiltrados (sí, sabes bien que hablo de ti majo). Esas cosas que solo las tienen los circuitos.

Cuando acaban las féminas (en este caso una valiente) junto con los Master 50 y 60, nos quedan un par de vueltas más y sé bien que ahora empieza la fiesta. El pelotón se ha reducido bastante y las fuerzas parecen más igualadas, lo que me permite moverme con mayor facilidad. De hecho me sorprendo a mi mismo tirando del grupo en varias ocasiones al acecho de los buenos saltadores. En la parte intermedia se suceden las arrancadas, se hacen grupitos por delante, salto detrás de alguna rueda conocida. Varias veces. Algunas de "peseta" otras a tope, pero veo como unos se van y no entro. La subida se hace fuerte y parece que cortamos bastante gente pero en la bajada volvemos a empezar. Más arrancadas, más cambios de cuneta pero nada. Queda una subida y trato de olvidarme del puso. Me mantengo delante en el giro y en la primera parte de la subida, incluso, al coronar, me escapo unos metros, afrontando la subida en cabeza de lo que quedaba del pelotón pero perdiendo posiciones poco a poco. No hay más gas. Aunque no me hubiera importado dar otra vuelta... (cómo alguno pensaba jejeje).

Terminamos saludando a los compañeros, especial ilusión encontrarme con el principal motivador de mis andanzas en Master (aquí tenéis su entrevista en este mismo blog), comentando la jugada y buscando un bidón antes de olvidarlo en la piscina.

Como siempre la clasificación y mis datos de Strava.

8 de agosto de 2017

IV TROFEO FUENCALIENTE DEL BURGO

Esta vez empezaré por el final. Cuando estaba bajándome de la bici, un niño me pregunta: ¿Quién ha ganado? Le digo que no lo sé. Sigue preguntando: ¿Pero tú has ganado? No, yo he llegado el último. Entonces -sigue el niño- tú has perdido ¿No?

Tras la demoledora reflexión de un niño de unos 8 años, portando una camiseta de la selección argentina de fútbol, guardo la bici pensando que es posible, todo el que no gana, pierde, en ciclismo además no hay empate. Si no ganas, has perdido.

Puf, si no fuera porque el cansancio no me deja pensar mucho... madre mía. El caso es que ahí estamos, el último con el primero, sin saberlo aún, charlando. Las dos caras de la moneda, el ganador, el perdedor.

Sin más pretensión que la de recordar batallitas y compartir información sobre lo que más nos gusta: la bici. Este blog, desde su título, es un guiño personal a los que solemos acabar los últimos del pelotón, nada más. Una crónica del que siempre coge la escapada equivocada... ¿El perdedor?

Así que dejando en el aire estas reflexiones, os cuento: El domingo lo pasamos bien, sufrimos y dimos todo lo que teníamos en las piernas y en el corazón (literalmente). Sabía que el viento y un pelotón de unos 50 corredores iban a endurecer la carrera minimizando el ancho de la carretera a una fatídica (para mi) palabra: la cuenta.

Aunque el aire iba en incremento, tomo la salida con ganas y cierta calma mientras esperamos que arreglasen un pinchazo en la parte neutralizada. La calma duró poco, nada más girar la carretera y dar el aire de costado y a favor, comenzaron las arrancadas, los tirones y los cortes. Prácticamente toda la primera vuelta, unos 30 kilómetros, fue una lucha constante por saltar de un pelotón que se hacía jirones y se cosía sin parar. En la subida, con aire de cara, trato de coger aire y colocarme bien. Salto un par de veces. No cuaja. Recuperación. Cuando acaba un repecho, o veo que llega un cruce me colocó delante. Parece que la táctica funciona, sigo en carrera. Aunque si os digo la verdad, voy con el agua al cuello.

Por mi cabeza pasa la idea de pararme en meta. Esto no es Mtb, ni una marcha. Llevo casi una hora por encima del 90% de mi pulso y llevamos poco más de 30 kilómetros a 41 km/h de media, tratando constantemente de ir en la posición menos incómoda, entre tragar aire o cuneta. Algún amigo me empuja, algún otro (que no sé como llamar) me aparta. Paso por meta. Parece que ya se han escapado un Orquin y un AC, así que el pelotón se pone en modo de captura y aunque la velociad no baja tenemos algo de descanso al no ir tan encunetados. Pero, nuevamente, lo bueno dura poco.

Después del segundo paso por el alto de la Alcubilla giramos y el aire vuelve a dar de lado y frontal. Consigo remontar en un par de ocasiones a posiciones delanteras pero pierdo la plaza en un visto y no visto. Las fuerzas ya no tapan las carencias de no ir bien pegado a rueda, rozando el borde de la carretera. Voy tirando fichas como si estuviera jugando en un casino. Tengo la sensación de que el agua no hidrata, que el gel no llega al estomago y que a las piernas le da un sol más cercano. Paso por meta, nuevo circuito. Ahora viene mi terreno. ¿Seguro?

Seguimos con esa dirección incomoda de aire y no hay alivio cuando llega la subida. No consigo remontar posiciones y antes de lo que pensaba giramos a izquierdas y llega la bajada, con aire de culo y carretera estrecha y bacheada. Voy muy atrás. Pita un coche. Soy el último. Pasamos un pueblo, curva cerrada. Pierdo rueda. Rezo porque paren un poco. Trato de coger la rueda un coche, de otro, de un tercero. Giro a derecha. Los tres coches me tapan la trazada buena, giro en rampa y la tomo por fuera intentando no perder velocidad... Game Over.

Sigo a ritmo, pero las pulsaciones bajan. La cabeza desconecta. Las piernas piden paz. Poco a poco voy bajando el ritmo pero no me pasa la moto de cierre. Pasado un buen rato veo que me alcanzan varios corredores. Son Master 60. Me dicen que aun queda gente por detrás. Pregunto a la moto que viene con ellos. Me dice lo mismo, que vienen algunos corredores por detrás. Vamos, que estás en "carrera". Bueno, pues ayudaré un poco a la pareja hasta meta al menos y ya me quedo. Al llegar a meta me doy cuenta que no tengo las llaves del coche y no he visto a nadie. Paro, no paro. Bueno, voy a seguir hasta la subida que es donde estaban antes las chicas y me doy la vuelta. Uhm. Pues no están. ¿Pero que demonios hago yo dando otra vuelta? Puff, pues nada. Vamos a tomárnoslo como un entrenamiento. Seguimos sin ver la moto de cierre. Pero tampoco vemos a nadie por detrás. Así pasan los kilómetros. 114. Los Master 60 esprintan (sin saberlo creo) por la tercera plaza. Fin.


Me voy enterando de varias caídas (eso sí que da rabia), dicen que se retrasa la entrega de premios, así que voy recuperando el ánimo con la comida y la bebida que ofrece el pueblo, tanto a corredores como a acompañantes. Un lujo.

Ha sido un fin de semana completo. Paseo por el cañón del río Lobos, camping, piscina, carrera, macarronada, piscina, chiringuito... ¿Cómo se lo explico eso al niño con la camiseta de Tevez?

Reconocimiento especial a los organizadores de la prueba, que se vuelcan con los corredores, al igual que el público que nos anima en el paso por los pueblos, sobre todo en el pueblo de Orillares. Increíble la gente. Gritando a nuestro paso como si estuviéramos en el Tour de Francia y aguantando hasta al final, animando por igual desde los primeros a los últimos. Cosas que no se olvidan.

Como siempre os dejo mis datos de Strava y la clasificación, por cierto, en realidad no me dejaron ni ser el último... fui el penúltimo jejeje.


3 de agosto de 2017

VI MARCHA MOUNTAIN BIKE CIUDAD DE CANTALEJO

Sin duda, la sorpresa de este año, en cuanto a recorrido de mountain bike, va a ser esta marcha.

Diversas circunstancias hacen que me apunte a última hora, carrera contrareloj para tener la bici preparada (arreglas una cosa y descubres otra... Gracias a Bicicletas Melero por el cierre de la tija) y cambiar el chip para las ruedas gordas.

A pesar de estar al lado y tener ya el dorsal, entre saludar y prepararme, ni caliento (para variar). El breve tramo neutralizado por Cantalejo nos deja en el camino a Segovia a mil por hora, con una visión limitada al 50%, polvo hasta las orejas y rodando en un pelotón carretero hasta la primera subida.



En el vídeo podéis ver la velocidad del tramo neutralizado y los casi 4 minutos que tardamos en pasar los, algo más de 400, participantes.

Las primeras bajadas por pista me hacen soltar rueda (para no perder la costumbre) y tengo que remontar en las dos primeras subidas. Enlazo con Joaquín en el vadeo del río, tras un revolcón, me dice que está bien y no paramos. Aunque el terreno está bastante roto la sombra de la chopera y el bonito valle se disfruta. Comenzamos la subida de los caños y pienso en apretar, pido paso y me voy un poco, pero cuando llegan la zona con más piedras, Joaquín con la doble me recorta, me pasa y me deja. Por detrás hemos soltado a otro corredor y disfruto solo del tramo de bajada, el primer sendero con flow del día. Menudo tramo de piedras, subida aunque bastante tendida, de tirar de riñones e ir concentrado en la trazada. Un tramo muy chulo. Antes de llegar al Cubillo me alcanzan varios corredores y en el tramo de pista alcanzamos a Joaquín. Trato de comer y beber aunque no es fácil. El ritmo es alto durante todo el tiempo. Siguiendo con el guión previsto, me suelto de parte del grupo en una pista de bajada con algunos bancos de arena. El polvo que levantamos es increíble.

Voy viendo gente pero poco a poco se van. Dejamos Arahuetes (Sagrillas para los seguidores de la serie Cuéntame) y volamos por un divertido sendero de bajada, con algún tobogán, hasta Pajares de Pedraza. Allí nos juntamos por primera vez con los participantes de la marcha corta. Subida dura, rota, pero corta. Seguimos subiendo por un falso llano hasta cambiar de rumbo y tomar otro sendero de bajada, rápido y trepidante hasta tomar la pista y comenzar la subida al punto geodésico. Parece que he recortado y llevo gente cerca, aunque al ir mezclados cuesta saberlo. La subida acaba en un nuevo bucle que nos separa de la corta y hace que volvamos a adelantar gente, ya de continuo hasta meta. La bajada por el pinar sigue en la línea de la prueba, rápida, con una trazada estrecha y con sombra. Los últimos 5 kilómetros se hacen algo pestosillos aunque con algún repecho que tenía su gracia. Unos últimos bancos de arena y meta.
Ojo, que el de la barba no soy yo...

¡Que velocidades! Cuanto sendero y cuanto flow en a penas 2 horas y media.

Y ahora toca recuperar, limpiar bici, ducha, piscina, barbacoa, charla con los colegas... ¿Qué más queremos? Pues solo falta una cosa, dar las gracias a todos los patrocinadores, al ayuntamiento de Cantalejo y en especial a Alex, de Orbea, por el esfuerzo de sacar adelante esta marcha. ¡Nos vemos el año que viene!

Os dejo, como siempre, mis datos de Strava y la clasificación (aunque como única pega, no es muy fiable).
Alex Cabellos y Juan Montoya en la presentación.